En días recientes, María Galindo fue obligada a salir de la Universidad Pública de El Alto-UPEA a empujones y gritos de: “¡Fuera Galindo!”. Su radio documental acostumbra lograr resultados o encaminar soluciones, sin embargo, su visita a la UPEA tuvo otras implicaciones.

Analistas y dirigentes, contrarios a María, apoyaron a los estudiantes con argumentos étnicos y de autonomía universitaria, cuestionando el dedo malcriado de María 🖕como una falta de “respeto” a la UPEA. A su vez, en redes abundaron los comentarios racistas contra la UPEA y El Alto, reduciendo el problema al “respeto y violencia contra la María” o de falta de formación de lxs estudiantes. Todo bajo argumentos morales, con un trasfondo colonial y machista.

Más allá de la simpatía o antipatía que genere María Galindo, lo que hizo, fue visibilizar lo que ocurre detrás de cámaras si se golpea un poco el avispero político de la UPEA. Lo que importa aquí es analizar la cultura política de la UPEA, El Alto o Bolivia. Uno es reflejo del otro.

El sistema de becas de la UPEA es la correa prebendal de los centros de estudiantes, que están bajo el control de la FUL y el Rectorado. Para que unx estudiante obtenga una beca, necesita el «aval» de su centro de estudiantes, de igual forma que un centro necesita de la «acreditación» de la FUL; así, es fácil que los criterios de selección sirvan para controlar, cooptar o atraer a estudiantes influyentes hacia redes de amiguismo, lealtades y cofradías al servicio de una pequeña cúpula de poder. Es análogo a los “proyectos u obras” que dirigentes vecinales y sindicales se disputan en alcaldías y en el gobierno central.

“Todos o nadie”. Un exejecutivo de la FUL de la UPEA, Miguel Angel Tola Calle me comentó que la dictadura sindical opera bajo un discurso de unidad. Esa lógica, que puede contribuir a generar ciclos de cambio, también es útil para mantener el statuo quo. Como dice mi amiga Carito Corao, lo que sirve para la pava también sirve para el pavo. Es decir, la misma cohesión que puede tumbar malos gobiernos puede servir a los intereses de grupos minoritarios de poder. Eso ocurre en la UPEA, una universidad que logró, con décadas de lucha, mantener el voto universal esta ahora regida por jerarquías que operan desde abajo por medio de instituciones prevendales como las becas.

La imagen de ello es el ejecutivo del Centro de Estudiantes de Ciencia Política, oculto en la oficina, llamando a sus leales becarios y aliados para hacer afrenta a María Galindo y los pocos estudiantes que quisieron postular al centro de estudiantes. Al final, los becarios (como la policía sindical o la policía) cumplen órdenes, actúan por conveniencia personal, no piensan. Por su vez, el dirigente como cualquier dirigente sindical se escuda en sus “bases” para obtener cuotas de poder. Estos dirigentes/as ríen cobardemente mientras mandan a sus aliados a atropellar a cualquier disidente. Recuerdo a miles de vecinos a las afueras de la Alcaldía, peleando por obras, mientras su dirigente, dentro, exigía cuotas de poder. Así funciona la dictadura sindical.

Pero es más que eso. Las redes salen fuera de la Universidad; a diferencia de otras universidades la UPEA se artícula a organizaciones sociales, no es casual que Toño Siñani, dirigente gremial de la 16 de julio, feria proxima a la UPEA, salga en defensa de los estudiantes; ni que la Alcaldía mire a otro lado con las decenas de bares a las puertas de la UPEA. Estas redes mantienen un sistema que se abre y cierra a conveniencia. Por ejemplo, mientras ser docente en cualquier universidad publica es sueño de pocos «privilegiados», la UPEA abre sus puertas siempre que pases por la correa de corrupción, resultado del cual pueden tener docentes estrella como exdirigentes o funcionarios puesto a dedo.

Lo verdaderamente importante es preguntarnos cómo hacer para que una dirigencia estudiantil cuyo principio básico es defender al estudiantado y luchar contra las élites de poder no termine institucionalizándose como un agente al servicio de esa misma élite. ¿Están mal las organizaciones o las personas? ¿Se reduce todo a cambios basados en revoluciones abruptas? ¿Qué pasaría si María Galindo hubiese logrado su cometido y se hubiera cambiado el Centro de Estudiantes de Ciencia Política: cambiarían la lógica prebendal o la reproducirían?

Lo institucionalizado en la UPEA y en el país se ha sedimentado durante muchos años; cambiarlo exige procesos igualmente prolongados. No basta con cambiar personas: la democracia no es el acto técnico de la elección ni la inscripción de candidaturas, ni siquiera el diálogo instantáneo en la prensa. La democracia son instituciones donde el diálogo sería una rutina cotidiana y disentir formaría parte del juego político. Ese tipo de cambios requiere transformaciones de largo aliento. No es suficiente la opinión pautada de analistas que operan con criterios coloniales y machistas: hablamos de la necesidad de un cambio institucional urgente en la UPEA y en otras instituciones como alcaldía y el resto de universidades, que funciona bajo la misma lógica de incentivos prebendales, la cual impide una verdadera democracia.

La degeneración de la democracia en una «dedocracia» conduce a una «medio-cracia», donde el poder es ejercido por un grupo reducido . El mecanismo mediante el cual se utilizan los aspectos técnicos de la democracia para clausurar los procesos deliberativos constituye el problema que debe ser estudiado en detalle.