Hoy me invitaron una chirimoya, un pedazo pequeño. Fue Brunex, que trajo pedacitos de chirimoya para todx en la oficina. Fue el dulce que más amé después de muchos días, creo.
Es que es diferente cuando tú te compras algo y mentalizas que vas a comer lo que adquiriste en el mercado. Pero cuando la vida te sorprende, y alguien que no sospechabas ni esperabas te entrega un pedacito de chirimoya de la nada, es tan gratificante. Compartir es gratificante. Te llena de vida. Construye vínculos silenciosos, incluso con tus enemigos.
Por eso la coca, la hoja de coca, es tan querida por los aymaras.
Ella se comparte generando un vínculo silencioso y colectivo. No funciona individualmente; es más bien entre todos: con la mamá Isabel, con mi mamá Margarita y con todxs los que se juntan a charlar, dialogar y reflexionar colectivamente.
El sabor refrescante de la chirimoya, que todavía sigue en mi garganta, me hace pensar en lo feliz que soy aquí, donde me comparten pedacitos de sí mismos. Porque cuando invitamos, sellamos un pacto de amistad.
Conozco una abogada que está veinte años en el Tribunal, y su secreto son sus deliciosas tortas. Ella simplemente, en cada cumpleaños, las prepara e invita. Es algo que le gusta y le apasiona hacer, pero también es una forma de sellar vínculos silenciosos con los demás, llegando a quedarse en su puesto laboral, en un buen cargo, que además es de libre nombramiento, por más de veinte años.
También están las diferentes formas en que nos educan en las familias aymaras: a no rechazar cuando te invitan; a acabarte entero el plato que te dan, porque si dejas sobras es como si despreciaras; a recibir siempre con dos manos aquello que te ofrecen.
Todas esas maneras reflejan cuán importante es compartir y pactar esos vínculos de reciprocidad, de acuerdo y de diálogo que se transmiten en un pedacito de ti: en las hojas de coca, en el chocolate o en esa chirimoya deliciosa.
Por eso me gusta pensar que la costumbre occidental de sobrar, de rechazar, que también aprendí a lo largo de estos años, parte de esa perspectiva individualista de estar por encima del otro, de estar por encima de todos. O quizá es una manera que Occidente tiene para fundar su superioridad…quién sabe.
