En esta segunda vuelta en Brasil, quedamos sorprendidos con la militancia de Lula por una movilización electoral colectiva contundente, de sectores sociales organizados, pueblos indígenas, del enorme trabajo hormiga de la «galera» en redes, calles y un millar de iniciativas para instalar un mensaje rotunto: Parar el fascismo y el autoritarismo.

A no normalizar las jerarquías sociales.

A no justificar el retroceso de los derecho sociales a costa de salvar la economía.

A pensar la seguridad desde las mujeres y sectores violentados.

A resignificar la palabra «ajuste económico» sino no beneficia a las mujeres, clases racializadas y obreras.

En el último debate Lula desenmascaró a Bolsonaro. Le dijo que despreciaba a los pobres y a los trabajadores exigiendole una disculpa pública por aludir a sus nueve dedos, recordandole que perdió uno en el trabajo, siendo obrero.

Al cierre de la jornada electoral, en su discurso de agradecimiento Lula, a visperas de cumplir 81 años y presidente por cuarta vez, anunció la derrota de las plataformas digitales pagadas y anunció su compromiso de «regular las redes sociales». Las redes son la extención de la violencia familiar y social, no entenderlo es ser ingenuos de su poder de injerencia.

No perdio sólo Bolsonaro, perdío Trump. Sin duda existe emoción, más no por Lula sino por la derrota de una derecha conservadora, ridícula y que no ha entendido que no hay un discurso más movilizador que la respuesta contra el desprecio, más aun si ese desprecio emerge de un discurso global de absoluta injerencia del norte.

Cuates de los partidos cambien de metodología y de discurso: luchar contra la corrupción no se reduce a cárcel, salvar la economía no sirve si no se discuten entre quienes se distribuye la crisis.

De las mejores voces que escuche tras esta victoria electoral:

«Las mujeres salvaron la democracia brasilera»

«Soy evangelica, pero voté por Lula»

Parabens povo brasilero e obrigada Brazil!!!